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sábado, 10 de enero de 2009

Soma

Pensaba en un fututo donde las máquinas hagan posible revivir cada recuerdo. Últimamente, cada que ando en drogas me dedico a explorar mi memoria para rescatar memorias perdidas de momentos en que no importaba el pasado porque había tanto presente que trastornaría el futuro. Entonces pensé que es muy triste no tener una máquina que te haga no solo recordar sino vivir de nuevo, a placer, cualquier memoria.
"Quiero", digamos, estar en la cima del Paricutín, posando para esa foto en que la sonrisa era de pensar que quizá, después de todo, declararás tu amor a tu mejor amiga y todo saldrá bien. No quiero estar hoy, cuando recuerdo que jamás tuve el valor y en los momentos de autoanálisis psicológico culpa cada uno de mis males amorosos a que nunca dejé de estar enamorado de ella.

Digamos, abundando en traumas superpuestos y excusando mi mariguanoso estado actual, que comó estoy enamorado de ella nunca podré enamorarme de nadie más y mi corazón murió -nota del revisor: ¿qué pedo con tu frase, la leíste en una paleta de mano mágica?- cuando decidí nunca decirle.

Y podría regresarse a cada momento y vivirlo en su plenitud, sabiendo lo que pasará en el futuro y que nunca se tuvo un momento más feliz que el elegido como destino.

Tal máquina, pensé y escribí como en cuento de Borges, es una error. Nadie regresaría jamás del pasado. La gente elegiría quedar en la máquina hasta morir y en una generación se extinguirían los seres humanos.
Es también una abominación, porque al nunca regresar al presente la gente no tendría los mejores momentos de su vida, que por lo general están en el futuro.
Una máquina para ir al futuro, esa sí, sería maravillosa. Al ver el futuro, todos sabríamos que no habrá mejores momentos que estos.

L.F.