martes, 12 de mayo de 2009

Una vidita por favor.

Me caga sobremanera que haya gente metiche en la vida, sobre todo cuando hago algo que nunca hago pero hoy fué el grandioso día para hacer todo todo junto.
Que si hoy no me dieron ganas de estacionarme bien y pongo el coche comiendo un poquito del lugar del otro y que?
Que si hoy quiero tomar café y dejar mi taza ahi y lavarla hasta mañana, y que?
Que si me suena el puto celular ocho veces en una mañana para cualquier pendejada de mis amigas, y ???
Y sobre todo: Que si un wey me vé el trasero en la oficina, soy una pinche coqueta!
Wey por eso hago ejercicio! para que todo mundo me vea el trasero,las tetas, mi no panza y todo lo sabroso que tengo, pinche gorda envidiosa!
Me cagaaan!

sábado, 9 de mayo de 2009

¿Qué quiero ser cuando sea grande?

Nene, nene que vas a ser cuando seas grande
Nene, nene que vas a ser cuando seas grande
Estrella de Rock'n Roll, presidente de la nación...

Se acerca el momento en que debo decidir que haré de mi vida laboral. A pesar de haber elegido una carrera universitaria uno siempre puede cambiar de opinión y dedicarse a algo completamente distinto a lo que estudio.

Se termina el plazo propuesto donde me permití trabajar en lo que fuera para sacar adelante la carrera dadas las circunstancias. Pronto tendré ese diploma en mis manos y será momento de decidir que es lo que quiero hacer en verdad, trazarme un plan de carrera que me permita tomar decisiones en el corto mediano plazo.

Este trauma parece ser de lo más común, ciertamente lo es. La diferencia de mi trauma con el trauma promedio es que el mío no se generó por las circunstancias sino que viene desde mucho tiempo atrás.

Haciendo memoria me percaté de que jamás he querido ser algo en la vida. Regularmente cuando uno es niño siempre tiene la ilusión de crecer y ser policía, bombero, futbolista, batman... pero yo en realidad nunca quise ser nada, ni policía, ni bombero, no futbolista, ni batman y si alguna vez quise ser algo la idea nunca me duraba mucho tiempo; sólo fui por la vida dejando las cosas pasar y es así como he llegado al final de mi vida de estudiante aceptando lo que me ha ido llegando sin saber para donde quiero llegar.

¿Qué voy a hacer ahora que ya soy grande?

martes, 14 de abril de 2009

Engendro

También estoy embarazada. De ese imbécil (o sea de mi imbécil, no del mismo imbécil de la chica que no es la misma que la chica del papiloma que no es la misma que el del perro en el culo que el ególatra mega mamón que... oh, esta falta de firmas llega a ser confusa).

Me acuerdo de la tarde que pasamos platicando del futuro. Que la casa en Río Frío, que si el amor de su vida era yo, que si en cada rosa roja (porque me traía una cada mañana) veía un poquito de nosotros. Al otro día, sudada y cansada por tanto hacer el amor, preparé chocolate de Oaxaca y salí al mercado a buscar pan de yema. Era tonto hacerlo en Zacatecas, pero lo encontré en un puestecito junto a la florería. Ese día pensé que no tendría que buscar más, nunca más. No pensé: supe. El sol sale mañana, la luna y las estrellas son bonitas, mi queridísimo y yo estamos juntos.

Me acuerdo de otras tantas, de tardes, mañanas, noches, mañanas, tardes, en el Museo de Arte Moderno, en el Patanegra, en las trajineras, el día que paseamos a sus amigos franceses por el zócalo, la primera vez que me dejó plantada, el ramo de rosas más grande que he visto, la quinta vez que no pasó a verme, la vez que me internaron por sobredosis, las discusiones en el segundo piso del periférico, el delicioso sexo de reconciliación y el viaje que planeamos para volver a empezar.

Me acuerdo también. Estábamos en San Miguel de Allende. Tuvimos al fin "esa plática" frente al pastel de bodas. Sería en la Hacienda de los Morales, invitaríamos a todos, saldríamos en las revistas. Como yo ya había escogido mi vestido desde antes, nos ahorramos un paso. Regresamos al hotel de la callecita detrás de la casa de Allende. Como nuestro amor ya había recuperado su ímpetu, lo desvestí con la boca.

Siempre nos decíamos cosas sucias, pero esa vez lo noté algo extraño. Le pregunté qué le pasaba y me empezo a hablar de Benoit. Me dijo que, en una borrachera, acordaron que los tres nos acostáramos juntos. Accedí porque, después de todo, a mi edad ya va siendo hora de probar cosas nuevas. Me dio las gracias y me dijo: me siento ahora tan libre contigo, mi amor. Es que no hay cosa más rica que sentir una verga en el culo.

Nunca volvimos a ser los mismos. Nunca fui la misma, más bien. Ahora me la paso en internet, manteniendo un blog en el que finjo veinte años menos de los que tengo. Aceptando invitaciones de jovencitos idiotas, que creen que enfermedades venéreas y delirios de grandeza pueden ser llamados traumas.

¿Trauma? el imbécil me dijo, meses después, que no lo merecía porque no podía darme la vida a la que estoy acostumbrada. El hombrecito de Polanco, con el Coronel colgado en la sala. Me pareció tan corto, tan poco acertado, que no podía ser otra cosa que un insulto. Una forma de regodearse en su jodida mariconería de niño consentido y malcriado. Me pidió su llave de regreso. Le di una copia de la de mi departamento.

Salió con el puto, ocho horas y media después. Rompí todos los libros que pude en media hora. Azoté todos los cuadros contra el piso, rasgué con un cuchillo la pintura de Coronel.

No tuvo los huevos para acusarme con la policía, así que lloré a gusto todo marzo. Ahora me entero de que estoy embarazada. La estúpida idea el día del pan y el chocolate, que recordé mientras escribía esto, ahora no me deja en paz. Me siento tan sola que invento identidades en los blogs, donde decenas de niños tontos y mujeres estúpidas alaban las idioteces que vomito.
Iba a decir que el engendro es nuestro hijo y que sin ningún remordimiento iba al hospital a que me lo arrancaran. Ahora no estoy tan segura. Tengo cita el viernes.

viernes, 10 de abril de 2009

Regrese a la casilla 1

No todos los días te toca escuchar de los mismísimos labios que por un tiempo (aunque ese tiempo ya haya pasado) intentaste con tanto empeño besar, que si no tienes ninguna oportunidad es porque eres molesto, irritante; básicamente corrosivo.

Todos los días pasados, desde siempre, lo has escuchado; en cada oportunidad te enteras que cansas a la gente, que eres insoportable, que nadie soporta tu compañía; que si eres así (dicen quienes están tan aburridos para hacerte caso un ratito) es tu culpa, que puedes cambiar y volverte agradable; así, automáticamente (supones), serás feliz, con amor y todas esas mariconerías que a la gente estúpida y normal (como tú, grita ese exagerado rencor) le hacen falta.

Les hiciste caso. Mucho tiempo les hiciste caso. Llevas meses en un estupor vacuno, sonriendo por las cosas, hablando con gente nueva, haciendo las paces con amigos casi perdidos, yendo a todas las fiestas a las que te invitan.

Te cansaste.

Te cansaron: vas a todas las fiestas a las que te invitan pero siempre acabas sentado en un rincón observando a los demás, cuando cada persona a la que le hiciste plática prefirio regresar con sus amigos. Porque de las reuniones tan pospuestas no sales más que con una inmensa hueva, el tedio de saber que después de tantos años las vidas de tus antiguos hermanos, carnalísimos y mejores amigos varios simplemente no te importan. Porque de cada veinte personas nuevas a las que les hablas, diecinueve se aburren.

Eres corrosivo. Te lo dijeron en una borrachera, cuando todas las cosas se dicen en serio. Aburrido, corrosivo, caústico, deforme.

Elegiste un camino exitoso. Si tu vida fuera evaluada según los objetivos que persigues, si una consultora extranjera y profesional, de traje y corbata, con números y gráficas en la cabeza, te conceptualizara y convirtiera en indicadores y variables, saldrías con buenos porcentajes. Te dijiste "seré de los mejores de mi carrera" y lo lograste, imaginaste lo que querías ganar cuando terminaras y lo conseguiste, triunfas donde otros siguen desempleados, cobras cada vez más por un trabajo cada día más interesante; eres un maestro de los objetivos ambiciosos que se convierten en ganancias.

Pero llega el viernes y te vas de la oficina a la casa, solo. A veces levantas el teléfono para marcarle a alguien, pero salió a divertirse, a amar o a coger. Terminas leyendo y tomando café (del caro) en tu cuarto, preguntándote qué salio mal.

Quieres pensar que es porque llegaste a una nueva ciudad y tuviste que empezar de cero; pero la verdad es que la situación en A. ya era insoportable: de tus cinco amigos, los únicos que has tenido, uno regresó a su país, pintándole huevos a todos los que se quedaron a padecer el tedio; uno nunca regresó de su paraíso químico; una se hartó de ser víctima de los avances románticos de los otros cuatro y se largó a estudiar a otra parte; uno se dejó marchitar, harto de una vida de fracasos de todo tipo; uno abandonó el grupo nomás porque sí. El resto te aburría y acabaste por pelearte con todo el pinche pueblo. Aburrido, harto y merecidamente despreciado por todos, te largaste, tú también, a estudiar a otro lado.

Vives alienado de tu familia, por quien puedes sentir cosas como gratitud o remordimiento, pero nunca cariño. Vives separado de todos los demás, porque no te interesan sus vidas de gente que al final también va a dejarte solo.

Es cosa, de todos los días, desde entonces, hasta ahora, saberte corrosivo, conocerte aburrido y tedioso. Te cansaste de la buena onda, no pudiste manetenerte en la terapia, dejaste de sentirte bien contigo mismo, cuando te dejaron solo a pesar de tanto esfuerzo. Cuando te diste cuenta de que no es normal que pasártela bien en una fiesta cueste trabajo.

Era cosa de todos los días no poder sentir más que una cosa: rencor y rabia contra todo y contra todos. Lo controlaste muy bien por un largo tiempo. Te cansaste de intentarlo y fracasar. Te regresaron a la primera casilla tras la milésima expresión de hartazgo en la cara de tu interlocutor.

Luego te dijeron corrosivo, provocaron que te dieras cuenta de todo. Que te aceptes como eres. Corrosivo.

martes, 7 de abril de 2009

¿Y si estoy embarazada?

domingo, 29 de marzo de 2009

Consumismo reprimido

Qué difícil es controlar esos impulsos consumistas cuando tienes enfrente todas las películas de James Bond que le hacen falta a tu colección... maldita madurez que me obliga a pensar en mi salud financiera y en una futura huida del nido.

Janus

viernes, 27 de marzo de 2009

Abejas

Les contare mi trauma:
Las abejas me dejaron trauma de por vida, ahora no puedo ver una abeja sin que no corra aterrorizada lejos, aunque la abejita solo se quede ahí buscando algo dulce... Todo comenzó cuando de pequeña me subí a un taxi y por traer vestido me pico una abeja en la pierna; llore muchisimo me curaron mi pierna y esa abeja seguramente murió después de marcarme de por vida; son criaturas tan tiernas, no son feas la verdad son muy bonitas no me desagradan solo les tengo miedo porque me pueden picar, eso es lo que me pasa cuando tengo una abeja cerca simplemente me alejo.
Hace poco fui con mi dentista a buscar unos materiales, cuando salimos del deposito dental había unas abejas rondando justo cuando las vi me llene de pánico empuje al doctor junto a las abejas y me escape, mi dentista no sabia el porque lo había empujado hasta que le dije que le tenia miedo a las abejas, me miro con ojos feos y solo gire a otro lado.
Las abejas son lindas pero peligrosas... Al menos para mi.
XoXo Akisuki.

jueves, 19 de marzo de 2009

OJITOS

Era la noche màs esperada desde hace no se cuanto.
Desee tanto que me invitara a salir y con suerte a su casa.
Esperè todo el dìa para llegar a casa y arreglarme para la gran cita.
Tomè mi tiempo para todo y claro, no puede salir todo bien, me cayò shampoo en los ojos
y ahi ando como el mismisimo demonio con los ojos rojos.
De nada sirviò el vestidito, escotazo, pelazo hermoso, nada nada sirviò.
Lo unico que dijo: Oye, creo que te va a dar conjuntivitis, si quieres te llevo a casa.
Por màs que le dije que no, no me creyò.
Sabrà Dios cuando volverà a invitarme.

viernes, 13 de marzo de 2009

Reverso del anterior

El reverso de las luces de la ciudad, por supuesto, eres tú. Cada maldita noche que te llevé a tu casa por el mejor mirador del pueblo, el segundo piso; cada jodida madrugada que bajé a 120 del Ajusco con Ladytron a todo volumen y la ciudad frente a mí, titilando para alumbrar con mejor efecto tu recuerdo, gritando que

All the way, it would be forever
All the way

Y todo para un día despertar de vuelta en la casilla de salida. Después de dos años a través del estómago que es el tiempo, me supe convertido en mierda. Confundido y perplejo, no pude hacer más que sufrir un buen rato.

No por ti, evidentemente. Soy suficientemente sofisticado para saber que no teníamos futuro, para preverte experimento en el camino a la casita de dos pisos y tres chamacos.

Lo que se rompió (lo que rompí) en mí el último día fue la esperanza. Me supe niño leyendo el reverso de la taparrosca, "suerte para la próxima, sigue participando". Que participen los pendejos, yo veo entre la estadística y asumo mi futuro de número imaginario.

Por eso cuando regresaste, cuando en tres horas pasamos del estoy aburrida al qué rico estuvo, seamos amiguitos de coger que hablan de sus sentimientos, me alejé me alejé me alejé. Una cosa es la necesidad fisiológica, perfectamente racionalizable como tal, y otra la contundente falta de cariño.

Bien por ti, que no me diste tiempo de arrepentirme o considerar nada; sorpresa, ya no seremos amiguitos de coger porque ya volví con él, pero a ver si alguna vez vamos a tomarnos un cafecito como exes lindos que somos.

Diría que por mí te lo metas por el culo, pero ello y tú en la misma oración producen una cadencia perturbadoramente cachonda.

El anverso son las luces de la ciudad, el reverso no dejas de ser tú.
El anverso soy yo, ¿cuánto (puta madre) del reverso, sigues siendo tú?

miércoles, 4 de marzo de 2009

La bese.

L a bese, decidí arriesgarme por la pendiente de su boca, y la bese.
¿Y que si al besarla mis ojos sudarían mas de la cuenta?,¿ y que si las ventanas solamente susurraran su nombre?
La bese, decidí dejar de engañar a mi boca, y la bese. No me arrepiento y me lo juro, que valió un poco mas que la pena, esos labios de poca carne, y mucha pasión en la sangre, esa lengua tan resbalosa, que cada que me besa, me alborota.
La bese, y fue varias veces; en el cuello, en la boca, y en la punta de la lengua la bese. ¿Y que si la luna menguara por siempre?, ¿y que si me paso llorando en las madrugadas?.
Quise besarla...
y la bese.
azulvioleta