viernes, 10 de abril de 2009

Regrese a la casilla 1

No todos los días te toca escuchar de los mismísimos labios que por un tiempo (aunque ese tiempo ya haya pasado) intentaste con tanto empeño besar, que si no tienes ninguna oportunidad es porque eres molesto, irritante; básicamente corrosivo.

Todos los días pasados, desde siempre, lo has escuchado; en cada oportunidad te enteras que cansas a la gente, que eres insoportable, que nadie soporta tu compañía; que si eres así (dicen quienes están tan aburridos para hacerte caso un ratito) es tu culpa, que puedes cambiar y volverte agradable; así, automáticamente (supones), serás feliz, con amor y todas esas mariconerías que a la gente estúpida y normal (como tú, grita ese exagerado rencor) le hacen falta.

Les hiciste caso. Mucho tiempo les hiciste caso. Llevas meses en un estupor vacuno, sonriendo por las cosas, hablando con gente nueva, haciendo las paces con amigos casi perdidos, yendo a todas las fiestas a las que te invitan.

Te cansaste.

Te cansaron: vas a todas las fiestas a las que te invitan pero siempre acabas sentado en un rincón observando a los demás, cuando cada persona a la que le hiciste plática prefirio regresar con sus amigos. Porque de las reuniones tan pospuestas no sales más que con una inmensa hueva, el tedio de saber que después de tantos años las vidas de tus antiguos hermanos, carnalísimos y mejores amigos varios simplemente no te importan. Porque de cada veinte personas nuevas a las que les hablas, diecinueve se aburren.

Eres corrosivo. Te lo dijeron en una borrachera, cuando todas las cosas se dicen en serio. Aburrido, corrosivo, caústico, deforme.

Elegiste un camino exitoso. Si tu vida fuera evaluada según los objetivos que persigues, si una consultora extranjera y profesional, de traje y corbata, con números y gráficas en la cabeza, te conceptualizara y convirtiera en indicadores y variables, saldrías con buenos porcentajes. Te dijiste "seré de los mejores de mi carrera" y lo lograste, imaginaste lo que querías ganar cuando terminaras y lo conseguiste, triunfas donde otros siguen desempleados, cobras cada vez más por un trabajo cada día más interesante; eres un maestro de los objetivos ambiciosos que se convierten en ganancias.

Pero llega el viernes y te vas de la oficina a la casa, solo. A veces levantas el teléfono para marcarle a alguien, pero salió a divertirse, a amar o a coger. Terminas leyendo y tomando café (del caro) en tu cuarto, preguntándote qué salio mal.

Quieres pensar que es porque llegaste a una nueva ciudad y tuviste que empezar de cero; pero la verdad es que la situación en A. ya era insoportable: de tus cinco amigos, los únicos que has tenido, uno regresó a su país, pintándole huevos a todos los que se quedaron a padecer el tedio; uno nunca regresó de su paraíso químico; una se hartó de ser víctima de los avances románticos de los otros cuatro y se largó a estudiar a otra parte; uno se dejó marchitar, harto de una vida de fracasos de todo tipo; uno abandonó el grupo nomás porque sí. El resto te aburría y acabaste por pelearte con todo el pinche pueblo. Aburrido, harto y merecidamente despreciado por todos, te largaste, tú también, a estudiar a otro lado.

Vives alienado de tu familia, por quien puedes sentir cosas como gratitud o remordimiento, pero nunca cariño. Vives separado de todos los demás, porque no te interesan sus vidas de gente que al final también va a dejarte solo.

Es cosa, de todos los días, desde entonces, hasta ahora, saberte corrosivo, conocerte aburrido y tedioso. Te cansaste de la buena onda, no pudiste manetenerte en la terapia, dejaste de sentirte bien contigo mismo, cuando te dejaron solo a pesar de tanto esfuerzo. Cuando te diste cuenta de que no es normal que pasártela bien en una fiesta cueste trabajo.

Era cosa de todos los días no poder sentir más que una cosa: rencor y rabia contra todo y contra todos. Lo controlaste muy bien por un largo tiempo. Te cansaste de intentarlo y fracasar. Te regresaron a la primera casilla tras la milésima expresión de hartazgo en la cara de tu interlocutor.

Luego te dijeron corrosivo, provocaron que te dieras cuenta de todo. Que te aceptes como eres. Corrosivo.

3 diagnósticos:

Janus dijo...

Habemos algunos que no estamos hechos para la normalidad. Los raros estamos condenados a estar solos y nuestro reto es aprender a disfrutar de nuestra soledad así como de la escasa compañia que en algún momento pudiésemos conseguir.

Anónimo dijo...

me aburrio tu trauma bye

Niña agridulce dijo...

A mi no me aburrio tu trauma.
No tienes q intentarlo... n o tienes porq tratar de vivir con normalidad y paz en compañia de todos...
Suena estupido-> *Pero vuelvete hermitaño frio e indolente y disfruta de q lograste tus metas a diferencia de casi todos los demas.